
Cuando era niño nunca me gustaron las pistolas o las ametralladoras de colores, se veían muy falsas. Al llegar a Nueva York me sorprendí cuando supe que era ilegal vender pistolas de juguetes que parezcan de verdad. Empecé a reflexionar sobre el asunto y le veo la lógica, con tanta gente que sueña cada día con asaltar a alguien o robarse un banco, creo que está bien que sea así, la ley se la pone un poco difícil a esos que no tienen dinero para comprarse una de verdad.
Viendo las cosas desde la perspectiva de los niños no sé realmente qué variaciones psicológicas puede causar el jugar con una pistola que se ve falsa con una que se vea de verdad.
Este anuncio que vi en una estación de tren le dio otro giro a la tuerca, con él me enteré que algunos delincuentes para desconcertar a la policía y a cierta gente, ahora pintan sus armas de verdad de otro color para que estas parezcan de juguete. Tremenda paradoja.




