Sunday, February 01, 2009

Diez orejitas de puerco

El supermercadito de el pueblito de Norwich también era bien raro. El piso de tabla, mojado por los pasos humedos de nieve, me daba la sensación de estar sobre algún bote viejo. La entrada de este lugar era también bastante extraña, en un estante tenían trozos de leña, a la izquierda tenía muchísimos productos para autos, aceite, guantes, guardalodos. Al entrar por unos minutos dudé que estaba yendo a comprar algo de comer.

Tan pronto entro un tipo me saluda con entusiasmo, como si me conociera. Yo lo saludé con ojos confundidos, tal vez mi barba de tres días le hizo creer que yo era árabe al igual que él. Después de permanecer por tres días en este lugar entendí mejor al tipo. En ese lugar sólo habitaban blancos y él al ver a alguien de color, probablemente se alegró.

Dentro del lugar habían muchos productos caseros, prácticamente, al ser la única tienda del pueblo, ésta tenía de todo, desde pipas hasta paquetes de orejitas tostaditas de cerdo, para que le dieras de comer a tu perro.

2 comments:

Miguel Rojas said...

hasta frituras se ven alla, increible, jejjejeje

Milonga said...

Nos acostumbramos tanto a la "rudeza" neoyorquina, que nos encontramos raro la amabilidad "excesiva" de otros lugares.

Te digo esto, por algunas historias que he escuchados de otros lugares y y con la cortesía que tratan a la gente.