Tuesday, August 12, 2008

El Lápiz Mágico












La primera vez que vi a este señor me dejó un recuerdo fantástico, de inmediato le dediqué un post en mi otro blog. Ayer lo vi nuevamente, él trataba de dibujar a una pareja de novios, estos le dijeron que no lo hiciera, él señor le decía que en sólo dos paradas él lograría dibujarlos a ambos(En la primera foto él le estuvo diciendo esto.) Ellos se negaron y él se puso de pies y se fue a sentar al otro extremo del vagón donde de inmediato se preparó para dibujar a quien tenía enfrente. En ese momento, el muchacho de cabeza rapada y sudadera roja que aparece en la tercera fotografía, parece que se interesó por el talento del señor y se animó a darle su teléfono para que el dibujante lo contactara.
Curiosamente el azar se las arregla, esta mañana cuando me subí de nuevo en el tren número uno me topé con este gran dibujante, se hallaba durmiendo en el vagón. Yo hasta este momento había creído que el simpático ancianito, debido a su gran talento a pesar de estar vestido en harapos tenía un hogar.
Aquí les dejo, la anécdota que escribí hace como tres años acerca de este viejito de gran corazón:

Diez y media de la noche, me hallo agotado, sentado en uno de los asientos duros del tren. Muchos van de pies, no hay asiento para ellos. Pasajeros bostezan para contagiar su sueño. Otros que dormían se reclinaban en los tubos de acero o sobre hombros extraños.

Mis ojos curiosos miran hacia todos los lados, de mis audífonos se escapan unas melodías caribeñas. Observo lascivamente a una chica con un gorrito rojo sentada frente a mí. Sonríe mientras lee su revista de moda. Bellas sus piernas, majestuosa e imponente mirada.


A mi lado va sentado un señor afroamericano de pelo gris. Viste unas sandalias, un pantalón largo de cuadros. Entre su pulgar e índice derecho tiene un lápiz, el cual coloca horizontalmente frente a sus ojos y frente a la bella criatura de tacones altos, gorrito rojo y labios que invitan a besar. Luego baja su instrumento de trabajo, coloca la punta sobre un papel en blanco y rápidamente empieza a trazar. Primero aparece su gorro, luego su pelo negro hasta los hombros, y poquito a poco su cara se va haciendo visible.


Qué ojos! Qué bella nariz cual puente al paraíso. En menos de cinco minutos la chica había sido atrapada en el tiempo, su finura, sus piernas cruzadas, su vestidito rojo ceñidito al cuerpo había sido plasmado con justicia por ese mágico dibujante y su carbón.


El señor mira su papel, sonríe y lo guarda junto a otros dibujos en un pequeño fólder manilla que lleva sobre sus piernas.


La parada de la chica de piel acaramelada parece que ha llegado, la veo cerrando su revista y colgándose la cartera al hombro.


El ancianito, toma un nuevo papel, con una navaja de mango amarillo comienza a sacarle punta a su lápiz, observa por última vez a la chica de gorrito rojo, quien en ese momento dejó su asiento vacío y empieza a tornar su cabeza de izquierda a derecha sigilosamente.


Agarra su lápiz entre su pulgar e índice y lo coloca en posición vertical, con la borra hacia arriba. Elije a su próximo modelo. Un señor blanco y calvo, quien en ese momento leía el New York Times. El señor nota que ha sido elegido y sonríe con sus dientes amarillentos. El dibujante empieza a trazar su enorme nariz, esta parecía ser la típica nariz judía, larga y arqueada.


El calvito deja de leer un rato y trata de observar el dibujo. El anciano lo cubre con su mano huesuda. El artista sigue dibujando, muchos de los que dormían despertaron y comenzaron a prestarle atención al gran dibujante quien ya se encuentra trazando los labios finos, rosados y cuarteados de su modelo. En menos de seis minutos terminó el dibujo. El señor blanco no pudo haber quedado mejor, al carbón hasta parecía más apuesto.


El señor de raza negra saca la hoja de su clipboard y se la entrega al hombre blanco, el cual la mira por un rato, sonríe y se la devuelve. El dibujante se la regresa y se la da como regalo. Se levanta de su asiento, se coloca el lápiz amarillo detrás de la oreja, pone el retrato de la chica de gorrito rojo enfrente de todos sus otros retratos y se desmonta sin esperar recompensa del tren.


5 comments:

Miguel A. Rojas H. said...

Que raro esta !! pense que el cobra por los dibujos para ganarse la vida.

Que hará este hombre por las noches, que pensamiento albergan en su mente. Que sueños tendrá?

Donde come? que come? viste los mismos trapos? acaso estudió dibujo y no lo haceptaron en la beca?

Quien rayos sabrá sobre su vida, y aquí Engels tan solo nos muestra un momento fugaz de su vida.

"El negro ancianito" ignora que su vida a sido posteada en un blog de cosas raras.

es raro todo esto.....

Ojala hablemos mas de este personaje

samirsaba said...

Very curious. Cómo es que te encuentras al mismo señor un mismo día en un mismo vagón. Eso sí que es extraño en los US. Pero qué cool. Jejejeje

Carolin said...

Que arte y tan solo por gusto. Waoo.

alfonso said...

lo de mac es para no romper con el entorno, asumo.

yo creo que lo del bus es por maldad,

asi deben andar muchos viejitos por ahi , artistas que se han vuelto locos.....la vida los ha convertidos en eso

DrLacxos said...

tu crees qu viva en las calles o en el tren?, muchos de esos artistas desconocidos ese es su estilo de vida, pero que curioso que no le saca ventaja ni provecho es eso!

Yo te dije, voy a tener que montarme contigo en el tren mas frecuente, a mi me pasan pocas cosas raras cuando me subo a uno!