

Después de tomar las fotos desde una posición estratégica, con mis rodillas flexionadas, con el semáfaro a mi favor (por si el flash lo despertaba y tenía que correr), caminé unas cuantas cuadras para ver si podría hallar una explicación lógica a la forma creativa que tomó este señor para dormitar.
Me imaginé la cara del dueño cuando se acercara a su carro y encontrara a este inquilino sobre el el bonete de su flamante coche. Me puse a pensar como caribeño y tontamente concluí que este señor, si se acostaba en el suelo hubiese estado más cómodo.
Unas horas más tardes, después de meterme dentro de la piel de este señor e imaginarme deambulando con mi carrito lleno de corotos por la calle, la explicación me llegó, y se me hizo posible recrear lo acontecido...
Once de la noche, hace un frío pelú, camino por la calle 116th, tengo hambre, pero ya es muy tarde para pensar en comida, mejor me acuesto, ya que el sueño me hará olvidarme del concierto de mis tripas. A lo lejos veo un auto estacionarse, arrastrando mi carrito despacio me acerco un poco más, veo cuando el dueño le coloca el bastón al volante, cruza la calle y entra a un edificio.
Inmediatamente él desapareció, coloqué mis corotos al lado del coche blanco, me senté en el bonete, subí mis pies sobre mi carrito para acomodarme y para que no me lo robaran, recosté mi espalda, y el calientito del motor me ayudó a dormir como un bebé.