Fui testigo del arresto de un mexicano en Harlem. Lo extraño de esto fue ver la civilidad de la policía. Los oficiales se estacionaron frente al carrito de las frutas y llamaron al frutero. Este se les acercó. Como el hombre no sabía inglés, la oficial dominicana le informó que ponerse a vender en la calle sin permiso de la ciudad era ilegal y que tenían que detenerlo.Lo raro de esto es que le dieron la oportunidad al muchacho de hacer unas cuantas llamadas. A los pocos minutos llegó su esposa, quien estaba embarazada, empujaba un coche y traía a otro chiquitín a su lado. La escena era triste, el muchacho besó a su esposa y le acarició la cabecita a sus hijos. Minutos después dos amigos llegaron y vieron como lo esposaban.
Los policías lo subieron a la van como si fuera un delicuente y los amigos se quedaron con el carrito de las frutas.
Después que la van se marchó se acercaron al carro unos afroamericanos, querían comprar frutas, preguntaron por el precio. El nuevo frutero tomó una bolsa de trocitos de mangos y se los vendió.














